Ser Discípulo y La Felicidad

Ser Discípulo y La Felicidad

Para ser un buen discípulo de Dios debemos saber manejar las prioridades de la vida, dando preferencia al amor a Dios y a nuestro prójimo.

Un buen discípulo de Dios no exige nada para serlo, sino que entrega todo lo que esté a su alcance para seguirlo.

La felicidad no se logra al hacer cosas.

Cuando ponemos nuestra felicidad en base al hacer algo, aunque lo hagamos, no necesariamente vamos a lograrla.

La esencia de la vida se basa en la libertad, dejando todo aquello que nos amarra y que nos mantiene esclavos del presente, del pasado y del futuro.

Debemos despegarnos de las cosas que nos hacen esclavos, de las cosas que consideramos nuestros tesoros.

El camino a la felicidad se obtiene cuando somos capaces de tomar lo nuestro y lo entregamos a los demás, sin mezquindad y sin apegos o exigencias a cambio de eso.

Debemos vencer la codicia, la avaricia y todo aquello que represente el egoísmo, no solo en los aspectos materiales sino también en los aspectos espirituales y emocionales.

El problema no es tener, sino no dar.

Debemos aprender a disfrutar el compartir.

La felicidad la da el seguir a Dios aplicando la doctrina cristiana en todo lo que hacemos en nuestra vida, sin importar lo que obtengamos o no a cambio, aún en medio de muchos inconvenientes.

Señor, yo quiero hacer tu voluntad. Alabarte sin parar todos los días. Que tu presencia sea mi felicidad.

Que Dios nos bendiga a todos…

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